Formar líderes no es suficiente: necesitamos Inteligencia Organizacional
- Catalina Trujillo Arbeláez
- hace 5 horas
- 2 Min. de lectura
En estos días estuve conversando con varios vicepresidentes organizacionales. Hablamos de liderazgo, de liderazgo transformador, de autogestión, de cómo cada individuo puede desarrollar mayor conciencia, responsabilidad y criterio.
Y en medio de la conversación surgió una pregunta: “Está muy bien que ellos se lideren… pero ¿cómo hago yo para que estén realmente vinculados con la empresa? ¿Cómo logro que sigan el lineamiento estratégico y que entre todos vayamos hacia el mismo norte?”
Esa pregunta me quedó resonando.
Porque durante años hemos invertido en programas de aprendizaje enfocados en el individuo. En fortalecer su mindset, su capacidad de comunicación, su inspiración, su autoconocimiento. Y todo eso es necesario. Pero no es suficiente.
El problema no es que falten líderes individuales.El problema es que no hemos desarrollado suficiente inteligencia organizacional. Seguimos diseñando procesos de formación que entregan información, que inspiran por un momento, que generan conversaciones interesantes… pero que al final no transforman la manera como la organización decide, ejecuta y evoluciona.
¿Por qué? Porque intervenimos personas, pero no el sistema. No tocamos los incentivos. No cuestionamos la forma en que se toman decisiones. No transformamos la cultura en el flujo real del trabajo.
Y entonces esperamos resultados distintos haciendo básicamente lo mismo. Además, venimos de un modelo educativo conductivista. Nos enseñaron a seguir instrucciones, a obedecer, a cumplir. Y durante años eso funcionó. Pero hoy estamos en una nueva era. Una era donde la inteligencia artificial ejecuta instrucciones mejor y más rápido que nosotros.
Lo que ahora necesitamos es más criterio.
Necesitamos líderes capaces de pensar estratégicamente, de ver el bosque completo y no solo el árbol que tienen enfrente. Líderes que conecten estrategia con cultura, que inspiren desde el propósito y que logren que las personas no solo cumplan, sino que se comprometan.
La verdadera brecha no es tecnológica. Es cognitiva y cultural.
Podemos invertir en inteligencia artificial, en plataformas, en automatización. Pero si no desarrollamos la capacidad organizacional para integrar lo humano, lo colectivo y lo tecnológico, seguiremos teniendo esfuerzos aislados. Entonces la conversación cambia.
Ya no es:¿Qué programa de liderazgo vamos a implementar este año? Es:¿Cómo diseñamos una organización que piense mejor, que tome decisiones con mayor coherencia y que se adapte más rápido que su entorno? Eso es inteligencia organizacional.
Y ahí es donde realmente empieza la transformación. Porque el futuro no será de las empresas que más capaciten.Será de las que más rápido aprendan, integren y evolucionen.Y eso no se logra con información.Se logra rediseñando el sistema completo.





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